La pérdida de grasa es uno de los objetivos más demandados, disponer de un menor porcentaje graso conlleva tener mayor tejido de calidad respecto a nuestro peso total y permitir que nuestra musculatura quede más visible.

 

Tomar una báscula convencional como herramienta para valorar nuestros progresos es un enfoque erróneo; el uso de otros métodos como las mediciones antropométricas junto con una báscula de bioimpedancia serán la clave para cuantificar nuestros avances de forma más precisa y segura.

 

El planteamiento de un entrenamiento específico que tenga en cuenta las bases fisiológicas para que el estímulo de entrenamiento esté enfocado a dicho objetivo, junto con una alimentación que encaje los macronutrientes necesarios, nos conducirá a la meta.